Todos los días asistimos a una multitud de noticias de carácter ambiental: terremotos y desastres naturales, modificaciones de leyes y decisiones de gobiernos, investigaciones y descubrimientos sobre fauna y flora, etc. De hecho, si lo analizamos con detenimiento, existen pocas noticias e informaciones que no afecten a nuestra relación con el medio ambiente, ya sean de carácter económico, tecnológico, e incluso deportivo, y no digamos político.

Sin embargo, a  pesar de este exceso de información en relación al medio ambiente, se produce una situación muy particular: la población valora mejor la situación del medio ambiente en el entorno más cercano a su vida cotidiana (escala local), que en los más alejados (escala regional, nacional, global), de tal modo que esa percepción se hace más negativa conforme se amplía  la escala territorial de referencia.

Este hecho, ya lo pone de manifiesto el Ecobarómetro de Andalucía 2011, el último publicado, donde ante las cuestiones referentes a los problemas ambientales más importantes, los datos muestran cómo los andaluces valoran mejor la situación del medio ambiente en su localidad de residencia que en el nivel regional de Andalucía o en el nivel global del planeta, manteniéndose esa percepción de forma bastante estable a lo largo de los diez años que componen la serie histórica disponible. Este fenómeno, bastante frecuente en este tipo de valoraciones, es a lo que la Psicología Ambiental ha denominado “Hipermetropía Ambiental“, y puede apreciarse en este gráfico, donde se comparan las valoraciones realizadas en los tres niveles territoriales considerados:

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía. Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC) (2011). “Andalucía y el Medio Ambiente 2000-2010: 10 años del Ecobarómetro”.
(http://www.iesa.csic.es/proyectos/160120123.pdf)

Asimismo, mientras que para el conjunto del planeta el problema ambiental más importante señalado es el cambio climático, a escala andaluza se presentan los incendios forestales, y en el ámbito local destacan la suciedad de las calles y el ruido, lo que refleja una vez más esta Hipermetropía Ambiental.

Estos datos pueden hacernos reflexionar sobre qué tipo de informaciones se eligen como noticias destacadas por parte de los medios de comunicación (habitualmente sólo conforman las portadas de tirada nacional o internacional crónicas de tipo ambiental que muestran una catástrofe o un posible drama de enormes dimensiones, si bien, en el ámbito local encontramos también iniciativas sugerentes y positivas), y también cómo los profesionales del sector estamos llevando a cabo la sensibilización ambiental entre nuestros grupos de interés. Con mucha frecuencia, se cumple la famosa Paradoja de Giddens sobre el cambio climático:

Lo que no es visible, no nos hacen visible, o no nos explican, no nos importa. El peso que cada problema tenga en la población tiene que ver con la información que recibe. (Giddens, A. 2010. “La política del cambio climático)

Estas distintas percepciones por parte de los ciudadanos afectan no sólo a las decisiones que se toman en el ámbito doméstico, sino también en el ámbito empresarial y político, lo que no encaja con el conspicuo lema que ha liderado la protección ambiental durante décadas: “Think global, act local“. Por lo tanto, nuestro objetivo como profesionales del medio ambiente debe incluir una información completa y adaptada de la realidad, para poder afrontar los desafíos de nuestro entrono de la mejor forma posible, ya que

La sostenibilidad no es un concepto en el marco de lo políticamente correcto y de lo comúnmente percibido, sino que es un concepto medible e imprescindible.

Hagamos entre todos un esfuerzo para intentar alcanzar este gran reto.

— D. Castañeda

El pasado 14 de julio el Parlamento aprobó la nueva Ley de Residuos y Suelos Contaminados, que configura y moderniza  una política más eficaz y transparente, tras más de 10 años de aplicación de la primera ley reguladora en este ámbito (Ley 10/1998, de 21 de abril, de Residuos).

Aún siendo anteproyecto, esta ley fue muy criticada por parte de los Sistemas Integrados de Gestión, alegando que con ella se podía caer en un “grave incumplimiento” de los objetivos de separación y reciclaje fijados por la normativa nacional y europea, y que dificultaba su estructura organizativa y de funcionamiento. Tanto fue así, que incluso la Ministra de Medio Ambiente tuvo que confirmar que en el trámite parlamentario se iban a “oír todas las posturas”, y apeló a la responsabilidad empresarial y ciudadana.

Más tarde, una vez publicada, la ley generó mucho debate: mientras grupos ecologistas la calificaban de “oportunidad perdida para la reducción y el reciclaje”, otros colectivos como FSC España la elogiaban por incluir la certificación forestal en los envases y sus etiquetas.

Pero, ¿qué es lo novedoso que aporta esta ley?

En primer lugar, la norma recoge todo lo aprobado en la Directiva 98/2008/CE sobre residuos, también denominada “Directiva Marco de Residuos”, introduciendo por primera vez en nuestra legislación mecanismos para priorizar el reciclaje dentro de la Unión Europea, y atajando así las crecientes exportaciones de residuos a países asiáticos, con el consiguiente incremento de emisiones debido al transporte.

Asimismo, la nueva Ley 22/2011 de Residuos asume la jerarquía propuesta por la Directiva Marco de Residuos que sirve de orden de prioridades en la legislación y la política sobre la prevención y la gestión de los residuos, que se muestra en el siguiente gráfico:

Fuente: Elaboración propia a partir de la Directiva 2008/98/CE

Por lo tanto, y en palabras del Ministerio:

“La nueva Ley apuesta por la prevención, la maximización del aprovechamiento de los recursos, y la disminución de los impactos adversos de su producción y gestión sobre la salud humana y el medio ambiente.”

También introduce una serie de cambios significativos:

  • Actualiza el régimen jurídico de la producción y gestión de los residuos.
  • Delimita las obligaciones de productores y gestores, simplificando trámites administrativos con la utilización de un registro compartido entre las distintas administraciones, para garantizar la transparencia y trazabilidad en la gestión.
  • Propone la creación de una Comisión como instrumento de cooperación y coordinación entre administraciones públicas, que buscará “soluciones eficaces, transparencia en la gestión y mayor accesibilidad de información”.
  • Clarifica las competencias de las entidades locales en relación con los residuos generados en los municipios.

Respecto a los suelos contaminados, se mantiene el régimen aplicable reflejado en la Ley 10/1998, y se matizan, entre otros, aspectos relacionados con la responsabilidad de la contaminación de los suelos.

La norma, además, propone una serie de objetivos concretos, como los siguientes:

  • Antes de 2015 deberá llevarse a cabo una recogida separada de distintos materiales procedentes de residuos (papel, plástico, vidrio, metales), que posibilitará la separación de los biorresiduos y la puesta en marcha de Sistemas de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) para envases reutilizables, que a pesar de los interrogantes que genera, se estima que genere una gran cantidad de puestos de trabajo..
  • Antes de 2020 deberán ser reutilizados y reciclados un 50%  de los distintos materiales que componen los residuos domésticos y similares.
  • En el caso de los residuos de construcción y demolición el porcentaje se eleva al 70% en reutilización, reciclado y valorización.
  • Establece un calendario hasta 2018 de sustitución de bolsas comerciales de un solo uso de plástico no biodegradable, y desde 2015, la obligación de marcarlas con mensaje sobre sus efectos en el medio ambiente.

Todo esto ya se vislumbraba en el Plan Nacional Integrado de Residuos (PNIR) 2008-2015, y la norma no hace sino refrendar estos ambiciosos objetivos.

Nuevos desafíos.

Sin embargo, toda esta serie de medidas y objetivos han dado lugar a retos como:

  • A pesar de los esfuerzos por la transparencia, la cooperación entre administraciones y la fluidez de la información, sigue habiendo una insuficiencia de datos sobre la generación y gestión de residuos, datos que son “pocos y no siempre verificados” (punto 4.1. del PNIR 2008-2015).
  • Además de lo anterior, los datos se obtienen con mucho retraso, lo que dificulta la toma de decisiones.
  • España tiene todavía la responsabilidad de cumplir los objetivos establecidos por la Unión Europea. En particular en cuanto a los niveles de reciclaje de envases, que siguen estando por debajo de lo que exige Bruselas y que han motivado el envío de quejas a la Comisión Europea por parte de grupos ecologistas.
  • Es notable el déficit de infraestructuras para la recogida selectiva de residuos, y la falta de concienciación por parte del ciudadano, lo que hace que del total los residuos urbanos generados, sólo el 14% sean recogidos de forma selectiva, y el 3% depositados en puntos limpios (ver datos).
  • En nuestro país, el 67% de los residuos urbanos generados terminan depositados en vertederos, y todavía existen 43 vertederos ilegales activos (ver datos).
  • El crecimiento de la cantidad de residuos por habitante y año es superior al del PIB (datos estadísticos de coyuntura ambiental [enlace a la tabla]).

Esto demuestra que no estamos en disposición de poder ir cumpliendo los objetivos marcados. Y es que la mejora en la gestión de los residuos y la superación de estos retos pasa por

Tratar al sector de los residuos como un sector industrial más, con sus características propias, y no como el cajón de sastre que permite ir “poniendo parches” a las externalidades generadas por compañías, ciudadanos y administraciones.

Para esto es necesario un cambio de paradigma en la visión del residuo, no ya como un desecho, sino como un subproducto útil para otros fines, lo que supone un enorme esfuerzo económico, social y ambiental.

Hace unas semanas, en un seminario sobre “Casos prácticos de Eficiencia Energética en Andalucía“, el Director General de la Agencia Andaluza de la Energía,  Francisco José Bas, proponía a los asistentes que reflexionaran sobre el uso que hacemos con nuestra energía, el cual, según su criterio, demostraba que:

“El actual modelo energético se basa en una oferta que se pliega continuamente a la demanda, y que se esfuerza por atenderla a cualquier precio, y a cualquier forma”.

Como argumentos de debate, se ofrecieron los datos de la Agencia Internacional de la Energía, en su informe World Energy Outlook 2010, que indican que debería conseguirse que la temperatura del planeta no aumentase más de dos grados. Esto supone que la concentración de CO2 en la atmósfera no puede sobrepasar los 450 ppm, en cuyo caso la situación de deterioro aún sería reversible, y no se entraría en una espiral climática no controlable.

Pero, para conseguirlo, en el horizonte de 2030, deben realizarse una serie de actuaciones que permitan reducir claramente las emisiones de gases de efecto invernadero para el conjunto de países del mundo.

La Agencia Internacional de la Energía indicaba que, para que fuera efectiva y real, esta reducción debería conseguirse básicamente de la siguiente forma:

  • 60% eficiencia en el uso final de la energía.
  • 20% energías renovables
  • 10% energía nuclear
  • 10% captura y secuestro de carbono.

En el siguiente gráfico se desglosa ese 80% de la reducción:

En definitiva, la parte más importante debería provenir de no generar CO2 por el hecho de consumir menos energía, consiguiendo procesos más eficaces; otra forma de consumir menos energía pero no generar CO2 sería con las energías renovables y nuclear; y, finalmente, una parte pequeña, pero relevante a nivel mundial, debería provenir de generar el CO2 pero capturarlo y evitar que vaya a la atmósfera aumentando el efecto invernadero.

Por tanto, antes de las clásicas discusiones y planteamientos sobre qué energías deben utilizarse, y sus ventajas e inconvenientes, aparece un objetivo primario, que es el del uso eficiente de la energía.

Pero, ¿qué es la eficiencia energética? Teóricamente es la relación entre el resultado de un proceso y la reducción de la energía utilizada para realizar ese proceso. Es decir, hacer más con menos, paradigma que puede ser aplicable a cualquier proceso profesional o laboral.

No obstante, para comprobar el efecto de esta eficiencia energética, se pueden observan los datos de la evolución de la demanda de energía eléctrica en la Unión Europea, desde el año 1991 al 1999, donde se puede comprobar que la mayor contribución a la estabilidad de la demanda de energía, ha venido de mano de este ahorro en el consumo:

Aún así, siempre se puede mejorar, y cuando hablamos de mejora siempre pensamos en los grandes consumidores de energía, es decir, la reducción del consumo en la industria. Por lo tanto, si tantos beneficios aporta, ¿por qué las empresas no implantan medidas de eficiencia energética? Básicamente son 3 las razones de este hecho:

  • Habitualmente se hacen estimaciones de ahorros, que al trasladarlas a los casos reales, difieren.
  • Existe un generalizado desconocimiento técnico en este asunto.
  • Los retornos en las acciones de eficiencia energética son muy largos, y en la industria se priorizan plazos más cortos.

Esto supone que hay un campo muy amplio por explotar, en este sentido.

Sin embargo, si se analiza el potencial de ahorro mediante medidas de eficiencia energética se puede comprobar que la industria no es quien tiene un mayor potencial, sino que este sitio lo ocupan el sector servicios y las viviendas:

Al fin y al cabo, el sector industrial se mueve en un mercado libre, donde tiene que competir y reducir costes, pero es en el uso residencial y de servicios donde existe un mayor margen de mejora, principalmente en los países desarrollados. Esto es, que una buena parte de la mejora de los niveles de CO2 en la atmósfera, y por tanto de los procesos de cambio climático, depende de que la energía sea usada de forma adecuada en nuestros hogares, oficinas y servicios. Y, ¿qué mejor momento que comenzar a aplicar medidas de este tipo en nuestros hogares que el próximo 5 de Marzo, Día Mundial de la Eficiencia Energética?

Así pues, y como proponía Francisco José Bas:

“El cambio del paradigma energético es el gran reto de la humanidad para la primera mitad del siglo XXI”.

Y nosotros, como ciudadanos tenemos un papel fundamental. Este cambio está en nuestras manos. Feliz Día de la Eficiencia Energética para todos.

Este año que terminamos ha sido, por muchas causas un momento crucial para el futuro del medio ambiente en el planeta. A la Cumbre del Clima de Cancún, y a la Cumbre sobre Diversidad Biológica de Nagoya se le han unido disposiciones normativas de tanto calado como la nueva directiva de emisiones industriales aprobada por la Unión Europea, o la entrada en vigor de la Ley 26/2007 de Responsabilidad Ambiental.

En tu-entorno, desde nuestro nacimiento como organización, hemos intentado estar a la altura de las circunstancias, ofreciendo a nuestros clientes, amigos y colaboradores recursos y herramientas suficientes para que su labor diaria sea más eficiente, más productiva y más sostenible. Sin embargo, también hemos aprendido mucho de todos ellos y de todos vosotros, los que nos seguís.

Por tanto, no podemos dejar pasar estas fechas para agradeceros vuestra presencia, vuestras sugerencias y vuestras ganas por hacer entre todos un planeta cada vez más habitable. Y esperamos que el próximo año podamos seguir afrontando los nuevos retos que se planteen.

Feliz Navidad y Feliz 2011 para todos.

Un abrazo

Hace unas semanas, científicos españoles que colaboran con el IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático, por sus siglas en inglés) admitían que el organismo necesitaba una reforma. Esta institución está constituida por el grupo de expertos elegidos por Naciones Unidas encargados única y exclusivamente del estudio del cambio climático, y la preside Rajendra Pachauri, quien, ya en febrero reconocía que había orquestada una conspiración contra él, provocada por  un error de cálculo en las predicciones de la institución, y por un descuido en la custodia de determinados correos electrónicos, incidente más conocido como “Climagate“.

Los científicos, además de reconocer el gran trabajo del organismo, amén de la veracidad y  relevancia de los Informes que publica, recomiendan una reforma estructural que evite más fallos y que permita al Panel adaptarse a los nuevos tiempos. Del mismo modo proponen que dicha institución pueda adquirir cierta capacidad decisoria en determinadas cuestiones.

Su postura refleja las recomendaciones expuestas en el Informe de un Consejo Interacadémico Independiente, encargado por Ban Ki-Moon, que se centra en las actuaciones que debe llevar a cabo el organismo para recuperar su credibilidad, puesta en entredicho, y para ello propone iniciativas como:

  • Hacer predicciones sólo cuando se dispongan de pruebas científicas sólidas.
  • Evitar hacer recomendaciones a políticos (profundizando su carácter como órgano consultivo).
  • Acortar el límite de años de permanencia en cargos directivos (actualmente son 12 años).
  • Crear un Comité Ejecutivo que incluya a miembros que no pertenezcan al IPCC.

Este informe, en el que se insta al IPCC a modificar “fundamentalmente” su organización y procedimientos, provocó un revuelo en los principales medios de comunicación del planeta en el mismo día en que se dio a conocer en Nueva York.

Así, la sección de Internacionales de The New York Times desglosó las que, para el periodista Neil MacFarquhar, constituyen las claves que permitirían recuperar la confianza en los informes del IPCC, así como se instó a su presidente a que diera el relevo al frente del organismo. En la misma línea, Le Monde se centró en resaltar las razones esgrimidas en el documento para sugerir una renovación en su cúpula, sin olvidar de que Pachauri argumenta que no puede irse sin terminar su trabajo en el quinto informe (su publicación está prevista para 2013). A pesar de las críticas, el Panel ha ratificado a su presidente.

Sin embargo, la revista científica Nature dio también su versión del documento apoyando la labor del IPCC. El informe, dice Nature, básicamente formula recomendaciones para reforzar las reseñas científicas del organismo y para establecer criterios objetivos en materia de conflictos de intereses de los autores y editores y para mejorar la comunicación con el público y los medios.

Toda esta serie de desencuentros ha generado un movimiento que cuestiona la existencia del cambio climático, y que ya en el último encuentro en Ginebra, dio lugar a que 45 países industrializados pusieron en duda la viabilidad del compromiso de Copenhague. De hecho, cada vez hay más ciudadanos que, incitados por la situación actual de crisis, desean conocer cuánto dinero se destina a frenar el cambio climático, y para ello se ha creado hasta una web específica (www.faststartfinance.org), auspiciada por Naciones Unidas.

Es evidente que el Cambio Climático es un asunto enormemente complejo, que no admite rápidas generalizaciones ni hipótesis poco contrastadas, ya que incluso, a una escala más local, podemos observar cómo los meteorólogos intentan aclarar los actuales fenómenos climáticos.

Por lo tanto, el IPCC se está jugando en estos momentos su autoridad como organismo asesor líder a nivel mundial.

No son admisibles nuevos errores cuando de estos dependen tantas líneas estratégicas, presupuestarias y políticas en todo el planeta. Mucho ánimo a nuestros científicos e investigadores para que sigan luchando por un mundo más sostenible.

Mientras tanto, para los que sigan sin ser “climaescépticos”, ahí van una serie de medidas para combatir el cambio climático en nuestra vida diaria.

En una cena de verano, tres amigos, tres consultores, debaten sobre las cualidades y la especial idiosincrasia de su trabajo.

La tónica común es la sensación de que los clientes siguen percibiendo al consultor (o consultora, se entiende en todo momento) como “el hombre para todo”, visión que, en muchos casos, modifica prioridades, devalúa las actividades y eterniza los proyectos. Sobre esto ya abundó Carlos Abadía Jordana en su libro “Soy consultor (con perdón)“.

Al fin y al cabo, la consultoría es una profesión que debe materializarse en proyectos, con una serie de hitos, objetivos y metas evaluables y cuantificables; y que se apoya en dos aspectos fundamentales: la confianza que el consultor inspira y demuestra al cliente, y la comunicación. Pero una comunicación bidireccional que permite una consultoría “a medida” y personalizada. “Todo para la empresa, pero sin (trabajar en) la empresa”.

Sin embargo, la pregunta estrella se alargó hasta los postres: ¿Qué vende un consultor? ¿Qué hace un consultor? ¿Por qué los clientes están dispuestos a pagar a un consultor?

La respuesta fue consensuada y resumida en tres puntos:

  1. El consultor vende “know how“. Es decir, un cliente no puede ser especialista en todos los ámbitos que toca y contrata a un consultor para que realice un trabajo muy específico, que, de otra forma, él no podría llevar a cabo.
  2. El consultor vende tiempo; “su” tiempo. En ocasiones el cliente “sabe” hacer el trabajo, pero, debido al ritmo de trabajo de su compañía o a las diferentes prioridades y necesidades, necesita de un consultor para que dicho proyecto se ejecute en los plazos de tiempo impuestos por la dirección.
  3. El consultor vende “posicionamiento”. Este posicionamiento también se podría vender como “valor añadido”, ya que toca la estrategia de las compañías. Quizás este punto es el más complejo y controvertido, porque el consultor debe tratar de lleno el dilema del cliente: ¿Qué hago con mi empresa? O bien, ¿qué hago con este departamento o con este proyecto inacabado?

Por tanto, el éxito de una consultora, prácticamente reside en cuidar y aumentar su “know how“, gestionar de forma excelente su tiempo, y buscar siempre el mayor valor añadido para sus clientes. Esto no hace sino confirmar, la idea del profesor Carlos Abadía:

“La consultoría tiene mucho de arte, mucho de técnica y muchísimo de sentido común”.

Seamos firmes y pacientes con nuestros consultores.

Hace ya unos años, en el marco del VI CONAMA (Congreso Nacional del Medio Ambiente) celebrado en Madrid, Ricardo Díez Hochleitner, Presidente de Honor del Club de Roma, lanzaba un reto a sus interlocutores: “Para conseguir avanzar en la conservación del medio ambiente, hay que madurar la democracia”.

MEPs back root-and-branch reform of financial supervision.

Fuente: European Parliament en Flickr

Cada vez existen más instrumentos legales que promueven la conservación del medio ambiente, la reducción de los impactos ambientales, la no contaminación del medio, etc; y todos ellos contienen una vía o forma para que las personas y organismos interesados aporten sus puntos de vista, ya sea mediante información pública, alegaciones en procesos de participación pública, consulta a expertos y a comunidades locales y otras posibilidades.

Sin embargo, todavía tenemos sistemas democráticos muy centrados en la “representatividad” y que han desarrollado poco la participación de los ciudadanos, acostumbrados a que tomen decisiones por ellos.

Por tanto, es necesario profundizar en la democracia, e intentar hacer de ésta, una sociedad de ciudadanos activos y comprometidos con los problemas que les afectan y con sus soluciones, ya que los grupos ecologistas (que son los que con más frecuencia utilizan los instrumentos anteriormente mencionados) no son los únicos interesados en disfrutar de un mejor medio ambiente. Y así, encontrar en procesos de participación pública más asociaciones de vecinos, organizaciones de consumidores y usuarios, y otros estamentos de la sociedad civil, para conseguir un mejor futuro para todos. A pesar de la crisis.

Las empresas buscan la sostenibilidad. La sostenibilidad es un eje que vertebra políticas, no sólo las de Ministerios o Consejerías de Medio Ambiente. Los ciudadanos cada vez deben ser más sostenibles en sus hábitos de consumo y en sus actividades…

¿Por qué la Sostenibilidad?

¿No basta con la conservación y la protección de nuestro entorno? ¿Es necesario profundizar en la Triple Cuenta de Resultados?

¿Es esto un invento de los políticos y las grandes multinacionales, o puedo buscar la sostenibilidad en mi ambiente local?

¿Podremos sobrevivir al nuevo milenio sin considerar los retos que nos propone la sostenibilidad ambiental?

En los últimos meses hemos sido testigos de todo lo ocurrido con el vertido de crudo y el posterior derrumbe de una plataforma petrolífera gestionada por la compañía BP (British Petroleum) en el Golfo de Méjico.

Fuente: Amy Phetamine, en Flickr

No es el primer problema ambiental de esta complejidad, ya que, lo que empezó siendo un derrame de derivados del petróleo, se ha convertido en un conflicto a escala transnacional que ha generado una serie de crisis:`

  • Ambiental derivada del vertido, dañando al ecosistema de la zona afectada (que cada vez es mayor) y las limítrofes.
  • Social y económico, afectando a la población, a la pesca, a la sociedad de las zonas implicadas.
  • Empresarial, especialmente con la empresa petrolera, que tardó en reaccionar y liderar la solución de esta crisis, lo que le ha supuesto una bajada en su reputación corporativa, y en la confianza de clientes, accionistas y otros grupos de interés.
  • Político, porque a medida que la mancha de crudo crecía y aumentaba el número de afectados, el gobierno de Estados Unidos tuvo que tomar cartas en el asunto y asumir la coordinación de los trabajos de limpieza.

Este desgraciado incidente muestra una vez más, la complejidad de nuestro entorno y lo limitados que somos los seres humanos, cuando intentamos abarcar la naturaleza.

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